Alejandra Azcárate habla de las relaciones que tenemos con nosotros, y con los otros. La Azcárate al oído, porque llegó el momento de escucharnos.
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Alejandra Azcárate habla de las relaciones que tenemos con nosotros, y con los otros. La Azcárate al oído, porque llegó el momento de escucharnos.
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Un sentimiento enceguecedor que aunque nos enseñan a evitarlo, nos impulsan a expresarlo.
Todos hacemos parte de la inquisición, un tribunal imaginario que nos ha dado la potestad de condenar basados en nuestra propia realidad.
La culpa, nuestro juez más implacable. Esa sensación que nos produce malestar y afecta nuestras relaciones, decisiones, acciones y experiencias.
¿Cuántas fachadas montamos, cuántas apariencias asumimos y cuántas vidas vivimos sin disfrutar la nuestra por complacer a los demás?
El cambio nos atrae o nos embiste. Nos cuesta ejecutarlo pero olvidamos que estamos sujetos a él. Es sencillo quejarse cuando no se ha sido capaz de dar un giro y más aún cuando lo que pretendemos es cambiar a los demás sin el menor resultado.
Olvidándonos que si el cambio tiene un “para qué” o un “para quien” ese quién somos nosotros mismos.
La soledad, nuestro único estado permanente y obligatorio tiene muy mala reputación. ¿Sinónimo de desgracia o apacible condición?
¿Conseguir pareja para organizarse es un propósito, una sentencia o un uso dañino de esos dos verbos?
¿Cuántas veces nos detenemos a preguntarnos por qué permitimos que nos sucedan ciertas cosas? Casi nunca. ¿Saben por qué? Porque le tenemos pavor a las respuestas. De nuestra carencia de claridad, surgen nuestras enormes confusiones.
El sacrificio no es el precio que debemos pagar por algo o por alguien. Todos los compromisos son voluntarios y no están asociados al dolor.
Como considero que las relaciones se construyen, en este primer episodio encontrarán algunos de mis puntos de vista, los cuales desprenderán parte de las próximas conversaciones. Una charla con mi conciencia, si es que aún me queda.