Hay revoluciones que cambian un gobierno. Y hay revoluciones que cambian para siempre la forma en que un país se mira a sí mismo, la manera en que reza, en que protesta, en que teme y en que sueña. La de Irán, en 1979, fue una de esas. Fue el derrumbe espectacular de un monarca que parecía intocable, el regreso triunfal de un líder religioso desde el exilio y el nacimiento de un nuevo orden que alteró para siempre el destino de Oriente Medio. Pero también fue mucho más que eso. Fue una sacudida profunda, un estallido de ira, fe, humillación acumulada, esperanza popular y ambición de poder. Una de esas historias en las que la multitud sale a la calle convencida de que está conquistando la libertad, sin saber todavía qué rostro tendrá el nuevo amanecer.
Hoy, en Historias de la Historia, vamos a viajar a aquel Irán convulso donde el lujo del sha convivía con la represión, donde las grandes avenidas de la modernidad escondían cárceles, miedo y silencio, y donde millones de personas acabaron desafiando a uno de los regímenes más poderosos de su tiempo. Vamos a recorrer la caída de la monarquía, el ascenso de Jomeini, el entusiasmo revolucionario, la construcción de la república islámica y las contradicciones de una revolución que prometió redención y terminó dejando una herida que aún sigue abierta. Porque para entender el Irán de hoy, y buena parte de las tensiones que siguen marcando la política internacional, hay que regresar a aquel instante decisivo en el que un pueblo entero creyó que estaba cambiando su historia. Y, en efecto, la cambió. Solo que no del modo en que muchos habían imaginado.